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La UDI cierra el cerco en torno ¿a Lavín?

José Luis Orella
Primero fue el senador Víctor Pérez, quien en carta a El Mercurio sostuvo que “todo aquel que permita que una iniciativa dañina para los pensionados, para las pensiones y para nuestro desarrollo económico presentada por el Partido Comunista y el Frente Amplio sea aprobada, se autoexcluye de la UDI”.
Tres días después, ante la pertinacia de cinco de sus diputados -y la eventualidad de que dos de sus senadores se sumen a la aprobación- se nos anuncia que la comisión política de la UDI resolvió “pasar al Tribunal Supremo a los cinco diputados del partido que votaron en la Cámara a favor del proyecto para retirar hasta el 10% de los fondos de pensiones”.
Bien, algo de sentido de la supervivencia queda aún en la colectividad de la querida casona de la calle Suecia. Pero, ¿es consciente la UDI de lo que esto significa para la candidatura presidencial de Joaquín Lavín? (incluso también para su previa candidatura edilicia, obviamente).
Lavín ha cultivado el zig-zag para ir saltando entre medio de los campos minados de la política, pero llega el momento en que cada paso que dé puede ser el último en su relación con la UDI (El mismo lo insinuó tiempo atrás, cuando afirmó que pensaba en su independencia política y, por cierto, lo preparó con su insólita opción por el Apruebo, cuando el partido oficialmente está por el Rechazo).
Ahora, respecto del retiro del 10%, Lavín se movió dos pasos a la derecha y giró después en diagonal tres a la izquierda, para volver uno a la derecha, cuando afirmó: “Prefiero que esto sea como al final, al final, al final, sin cerrarse, pero busquemos un instrumento rápido con los 12 mil millones de dólares que sea mejor que ése”.
“Al final, al final, al final, sin cerrarse”… ¿No podrían los cinco diputados díscolos argumentar que ellos ya piensan que se ha llegado “al final, al final, al final, sin cerrarse”, y aún así ser expulsados de la UDI? (o severamente sancionados como para provocar sus renuncias). Cualquier abogado dotado de pillería elemental les aconsejaría que se ampararan en la formulación lavinista para protegerse y salvar así la militancia.
Porque, de ser expulsados o sancionados, ¿en qué pie deja la UDI al propio Joaquín Lavín? ¿Podría honradamente mantenerlo como su mejor carta presidencial si ha manifestado la misma disposición a apoyar “una iniciativa dañina para los pensionados, para las pensiones y para nuestro desarrollo económico”?
Los cinco diputados (y eventualmente los dos senadores) están colocando a la UDI frente a su mayor dilema desde su fundación: o la definitiva ruptura interna por seguir amparando a Joaquín Lavín, o la vuelta a la coherencia, al dar una señal nítida que permita desechar de una vez y para siempre una candidatura populista y contraria a su historia y a sus principios.